lunes, 3 de junio de 2013

A La Soledad - John Keats

¡Oh, Soledad! Si contigo debo vivir,
que no sea en el desordenado sufrir
de turbias y sombrías moradas;
subamos juntos la escalera empinada;
observatorio de la naturaleza,
contemplando del valle su delicadeza,
sus floridas laderas,
su río cristalino corriendo;
permitid que vigile, soñoliento,
bajo el tejado de verdes ramas,
donde los ciervos pasan como ráfagas,
agitando a las abejas en sus campanas.
Pero, aunque con placer imagino estas dulces escenas contigo,
el suave conversar de una mente,
cuyas palabras son imágenes inocentes,
es el placer de mi alma; y sin duda debe ser
el mayor gozo de la humanidad,
soñar que tu raza pueda sufrir
por dos espíritus que juntos deciden huir.

miércoles, 6 de junio de 2012

Sonetos del Portugués - XLIII - Elizabeth Barret Browning

¿Cómo te amo? Deja que cuente los modos...

XLIII

How do I love thee? Let me count the ways.
I love thee to the depth and breadth and height
my soul can reach, when feeling out of sight
for the ends of Being and ideal Grace.


I love thee to the level of everyday´s
most quiet need, by sun and candle-light.
I love thee freely, as men strive for Right;
I love thee purely, as they turn from Praise.


I love thee with a passion put to use
in my old griefs, and with my childhood´s faith.
I Love thee with a love I seemed to lose


with my lost saints, -I love thee with the breath,
smiles, tears, of all my life!- and, if God choose,
I shall but love thee better after death.

¿Cómo te amo? Dejame contar los modos.
Te amo con toda la profundidad, amplitud y altura
que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
las fronteras del Ser y la Gracia ideal.

Te amo hasta el nivel de la cotidiana
necesidad más silenciosa, con el sol y la luz de la lámpara.
Te amo libremente, como los hombres luchan por lo correcto.
Te amo puramente, como ellos alcanzan la Gloria.

Te amo con la pasión que antes puse
en mis viejos lamentos, y con mi fe de niña.
Te amo con la ternura que creí perder

cuando mis santos se desvanecieron -¡Te amo con el aliento,
sonrisas, y lagrimas, de toda mi vida!- y, si Dios elige,
Yo te amaré aún más después de la muerte. 



Rubaiyat - Omar-El-Khayyam

(De la versión francesa de Toussaint)

7

Cuando vaciles bajo el peso del dolor, y estén ya secas las fuentes de tu llanto, piensa, en el césped que brilla tras la lluvia; cuando el resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin aurora se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño.

8

Noche; silencio. Inmovilidad de las ramas y del pensamiento. Una rosa, imagen de tu efímera belleza, deja caer con lentitud sus pétalos. ¿En dónde estarás ahora, tú que me ofreciste el vaso que no dejo de beber? Estoy seguro de que ninguna flor se deshoja cerca de aquel cuya sed apagas, y te ves privado del amargo placer con que sólo yo he sabido embriagarte.

9

Dejan caer las estrellas sus pétalos de oro. No sé cómo no han tapizado mi jardín. Así como el cielo vuelca sus rosas sobre la tierra, vierto en mi copa el rosado vino.

13

Bien sabes que no tienes ningún poder sobre el destino, ¿por qué la incertidumbre del mañana motiva tu ansiedad? Si eres prudente, goza el momento que pasa; lo futuro, ¿qué encerrará?

15

¿Sabes lo que te puede acontecer mañana? Ten confianza, pues, de lo contrario, no dejará el infortunio de justificar tus temores. No te apegues a nada. No interrogues los libros ni a los hombres: el destino es inescrutable.

19

Todo el mundo quisiera marchar por la senda del conocimiento. Unos la buscan afanosamente; otros dicen haberla encontrado ya. Mas un día una voz clamará: "No hay ruta ni sendero."

68

Olvida que deberías haber sido recompensado ayer y no lo fuiste. ¡Qué importa, sé feliz! No eches de menos ninguna cosa ni esperes nada tampoco. Lo que ha de suceder, escrito está en el libro que hojea, al azar, el viento de la eternidad.

69

No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento. ¿Qué es la vida? Un bien que me confiaron sin pedirlo, y al que habré de volver con indiferencia.

72

Dirige la mirada a tu alrededor: no verás sino desolación y angustia. Tus mejores amigos han muerto y la tristeza es tu sola compañía. Mas levanta la cabeza y extiende tus manos: coge todo lo que desees y puedas conseguir. El pasado es un cadáver que debes sepultar.

sábado, 10 de marzo de 2012

La Despedida - José Ángel Buesa

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso con esta despedida,
mi más hermosos sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

viernes, 9 de marzo de 2012

Soneto Del Temor A Dios - Xavier Villaurrutia

Este miedo de verte cara a cara,
de oír el timbre de tu voz radiante
y de aspirar la emanación fragante
de tu cuerpo intangible, nos separa.

¡Cómo dejaste que desembarcara
en otra orilla, de tu amor distante!
Atado estoy, inmóvil navegante,
¡y el río de la angustia no para!

Y no sé para qué tendiendo redes
con palabras pretendo aprisionarte,
si, a medida que avanzan, retrocedes.

Es inútil mi fiebre de alcanzarte,
mientras tú mismo, que todo lo puedes,
no vengas en mis redes a enredarte.

Deseo - Xavier Villaurrutia

Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.

Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.

Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.

Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.

Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.

Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.

Y, más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.

domingo, 20 de noviembre de 2011

L´Invitation A La Morte - María Monvel

Ya estamos más cerca, avancemos.
No huyamos su contacto frío
ni por rehuirle clamemos:
son suyos tu cuerpo y el mío.
Tu mano deshecha en la mía
apoye su fría entereza:
busquemos la obscura belleza
que ofrece la selva sombría.
¡No aferremos con mano inquieta
sobre nuestros hombros desnudos
la capa de vida sujeta
por los más vacilantes nudos!
Aderecemos la sonrisa.
No haya crispaduras el miedo...
Por no interrumpir, vamos quedo.
¡Vamos sobre todo de prisa!
Un paso más, y ya seremos
o no seremos ¡mejor! nada.
La vida otra vez abarquemos
y dame la última mirada.

Versos De Amor - María Monvel

I

Dentro de todo es dulce
vivir como yo vivo
pendiente de tu amor
como un globo cautivo.

Corre el mundo a mis pies,
pero yo no lo siento
sólo tu amor me agita
como un ligero viento.

Tú de lejos sostienes
tus hilos temblorosos,
yo de lejos te envío
sonrisas y sollozos...

II

Tienes la maldad fría y sutil del veneno,
sabes la muerte lenta que dan los infierno,
y sabes además que por eso ye quiero!

Amargas el brebaje que tienes con los celos,
echas sal en mi pan y en mi goce echas miedo
y sazonas el filtro del amor porque muero!

Aprendiste a hacer deseables el infierno,
sabes hacer amable la caricia del fuego
y sabes el secreto de hacer mi amor eterno!

Conoces la manera de ceder el deseo
para que sus raíces no perezcan si  riesgo
y eternizar el río sediento de mis besos!

III

Tu letra es como tú, firme, ruda, sincera,
tu letra es cruel y mala.
Te amas más en tu letra que no ha temblado nunca
que en la vanidad fría de tu carta.

Te amor, y aborrezco tus cartas y tu letra,
la letra con que escribes tan hondo amor de mi alma.

IV

Copa de cristal pulido
bebo, bebo y no me embriago,
con sabor a corazón
y sabor divino a labios.

Bacante soy de una orgía
deliciosa y no me exalto.
Ruedan abiertas las rosas
sobre mi corpiño intacto
y yo bebo y bebo más
el licor que sabe a labios.

Maravilloso licor
del que ya he bebido tanto
sin que se alteren mis venas,
sin que en mi mente haga estragos.

Centella, como dos
ojos negros en mi vaso,
prende infinitas antorchas
en mi corazón helado
y arrastra mi pensamiento
hacia caminos fantásticos.

Bebo, y no estoy ebria no.
Muerdo el cristal de mi vaso
y hago trizas los espejos
que miran y estoy mirando.

Me sumerjo en mi licor
como en olas de cobalto
y aunque bebo, no me estalla
roto el cerebro en pedazos...

Disuelvo mi pensamiento,
licor con sabor a labios
y en tus olas de emoción
toda la voluntad deshago.

Centellar los ojos ardientes,
aunque muero, no me embriago,
y aunque he disuelto mi vida
en la copa de tus labios!

V

Junto a mi vera un camino,
y aquí tranquilos mis pies
y no me llevan consigo!

Me incita a mi lado el mar
y un barco a la vela presto
y no me voy a viajar.

Me consumo deseando,
y tu boca guarnecida
de besos, aquí a mi lado...!

Pero entre mi alma y tu alma
hay una pared muy alta...
Tú sabes como se llama!

VI

Ya nada más. Miro borrosos
los negros días del pasado.
De tu semblante tan amado
no queda un rasgo tembloroso.

Tu nombre no turba el reposo
de mi corazón fatigado
de haberte tanto y tanto amando
con amor hondo y silencioso.

Libre de fiebre al fin me siento.
Mi corazón libre camina
endeble, pero indiferente,
y es la vida espejo pulido
donde contemplo consumido
mi rostro convaleciente.

VII

Mi corazón acoge al amor sin reserva.
Le acaricia los rizos con blancura inefable
porque le sabe a niño, porque le sabe amable
y porque aquella cruel juventud le recuerda...

Mi corazón le acoge con pausa dulce y fría.
Besa sus labios dulces sin temblar, y le deja
jugar con el carcaj y la saeta vieja
apuntando en el blanco de mi alma vacía.

Pobre amor! Pobre niño! Mi rencor no te alcanza,
pero no hace surgir la más leve esperanza
el murmullo que siempre derramas en el oído.

Mi corazón repudia tus besos inocentes,
y aunque mis manos buenas te acaricien clementes,
ya no eres para mí sino un sueño perdido.

VIII

Te odio. Lo digo con la unción enorme
con que te dije te amo.
Pasaste de un extremo al otro,
sin transición, de un solo salto.
Ayer no más te amé y hoy te aborrezco
y apenas he cambiado.
Siempre sueño contigo por las noches
con hondo sobresalto.
Siempre y sin darme cuenta, me detengo 
muda, ante tu retrato.
Siempre que miro un árbol en las tardes
es que te estoy mirando.
Siempre que no respondo a una pregunta
es que en ti me distraigo,
y siempre que se nubla en mi vida
y que quiero morir, estoy pensando
en aquel roce silencioso y último
de tu mano y mi mano...
Todo es igual, pero antes amor era
y ahora es odio en cambio.

IX

Tienes la frialdad horrible de una estatua,
de una estatua de piedra en un jardín dormido.
En vano echo a tu cuello las dos serpientes blancas
de mis dos brazos blancos, nada puedo contigo!

Me tienta el espejismo de tus ojos de acero
y me doblo ante el frío rayo de su mirada.
Si levanto la voz, en sus focos de oro
como un collar de vidrio se quiebran mis palabras.

Pecho de hierro donde se golpean mis puños
hasta sangrar... Te amo, y me muero de anhelo.
Yo no soy sino el hilo de un deseo que asciende
de un amor a tus pies como nudo deshecho!

X

En tus ojos profundos
está todo mi mundo.

Allí está mi secreto
en tus ojos sujeto...

Busca en ti y no en mí y hallarás
el por qué nunca hallé, dicha, paz.

XI

Porque me quieres me torturas
y ya eras dueño de mis días
y siempre habrán mis alegrías
de entremezclarse de amarguras.

Porque me quieres, no venturas,
sin dolor, melancolías.
Porque me quieres, nunca mías
la tarde azul, las muchas puras...

Porque me quieres me atormentas.
Porque me quieres, con violentas
y crueles manos, hieres, hieres.

XII

Cuando es muy dura para mi la vida,
te miro entrar por esa puerta abierta
y es la visión tan nítida y tan cierta
que hago mía otra vez la dicha ida.

Tiembla mi mano de la tuya asida,
se alza de nuevo mi esperanza yerta
y revive en tu amor mi vida muerta
a todos los halagos de la vida...

Otra vez vivo y otra vez me muero
cuando mi boca estrechas con tu cabo
en cruel y pasajera fantasía
para desvanecerte tan ligero,
que despierta otra vez, mi mano toca
la puerta a que no llegas todavía!

XIII

Amor que te niegas, espera aun, espera,
soy joven todavía.
No cruces a mi lado sin detener el paso,
soy joven todavía!

Ni una arruga me cruza la frente melancólica
sin tu caricia fría.
Entre mis manos frágiles tu angustia y tu deseo
cabrían, sí, cabrían.
Y si acaso las mueves, mi mano aguda y pálida
se que se prestaría
a la caricia tímida o a la caricia cruel
que tu le enseñarías.
Mientras los animaste, en mis pupilas jóvenes
la dicha sonreía.
No supe de otros goces ni de otro dolor supe
que el que de ti venía.

Solo de amor lloré, sólo de amor sufrí,
solo de amor reía.
Tú que mi vida fuiste, nunca pensé, oh ingrato,
que me abandonarías!
Invéntame torturas, pruebame en mil fatigas,
todo lo sufriría
porque de nuevo amor, se abrase en tu calor
está mi vida fría...

Amor que te me niegas, espera aun, espera,
espera todavía!

Tres Sonetos De Las Flores - Francisco De Terrazas

I

Dejad las hebras de oro ensortijado
que el ánima me tienen enlazada,
y volved a la nieve no pisada
lo blanco de esas rosas matizado.

Dejad las perlas y el coral preciado
de que esa boca está tan adornada,
y al cielo -de quien sois tan envidiada-
volved los soles que le habéis robado.

La gracia y discreción que muestra ha sido
del gran saber del celestial maestro;
volvédselo a la angélica natura;

y todo aquesto así restituido,
veréis que lo que os queda es propio vuestro:
ser áspera, cruel, ingrata y dura.


II

Royendo están dos cabras de un nudoso
y duro ramo seco en la mimbrera,
pues ya les fue en la verde primavera
dulce, suave, tierno y muy sabroso.

Hallan extraño el gusto y amargoso,
no hallan ramo bueno en la ribera,
que -como su sazón pasada era-
pasó también su gusto deleitoso.

Y tras de este sabor que echaba menos,
de un ramo en otro ramo va mordiendo
y quedan sin comer de porfiadas.

Memorias de mis dulces tiempos buenos,
así voy tras vosotras discurriendo
sin ver sino venturas acabadas!

III

Soñé que de una peña me arrojaba
quien mi querer sujeto me tenía,
y casi ya en la boca me cogía
una fiera que abajo me esperaba.

Yo, con el temor, buscando procuraba
de dónde con las manos me tendría,
y el filo de una espada la una asía
y en una yerbezuela la otra hincaba.

La yerba a más andar la iba arrancando,
la espada a mí la mano deshaciendo,
yo más sus vivos filos apretando...

Oh mísero de mí, qué mal me entiendo,
pues huelgo verme estar despedazando
de miedo de acabar mi mal muriendo!

martes, 15 de febrero de 2011

Ya no es tiempo - Luis Rius

Ya no es tiempo, no, no;
no, ya no es tiempo.
Va muy alta la vida
y llevo ya cansado el pensamiento.
Callar, callar, callar.
Que las canciones se me queden dentro,
las canciones tardías
que nunca florecieron
cuando podía cantar.
Esas que no nacieron
que no nazcan. Ya no,
no, ya no es tiempo.
Cantar otra vez más, cantar...
Silencio

*

Qué romper de capullos, qué florido
sucederse, minuto tras minuto,
el tiempo entre mis manos... y el olvido.
¿Qué haré con tantas flores este día?
Mi tiempo llega y pasa, sin dejarme
organizar la luz que es toda mía.

¿No quedará un minuto floreciendo
más despacio y yo pueda
vivir dos veces lo que estoy viviendo?

*

Desterrado en el tiempo
como en isla infinita,
sin retorno. Exiliado
en esta edad que avanza, que declina,
que no cesa, que huye,
río al mar, día a día.

Olvidada en el mar
me dejé yo la vida.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Elegía A Ramón Sijé - Miguel Hernández

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(El rayo que no cesa)

Sonetos - Miguel Hernández

I

Guiando un tribunal de tiburones
como con dos guadañas eclipsadas,
con dos cejas tiznadas y cortadas
de tiznar y cortar los corazones,
en el mío has entrado, y en él pones
una red de raíces irritadas
que avariciosamente acaparadas
tiene en su territorio las pasiones.
Sal de mi corazón, del que me has hecho
un girasol sumiso y amarillo
al dictamen solar que tu ojo envía:
un terrón para siempre insatisfecho.
un pez embotellado y un martillo
harto de golpear en la herrería.


II

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, tribulación que vienes,
como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor la tabla que procuro,
si no es tu voz el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Biografía - Miguel Hernández

Orihuela, 1910 - Alicante, 1942) 
Poeta español. Adscrito a la Generación del 27, destacó por la hondura y autenticidad de sus versos, reflejo de su compromiso social y político.
Nacido en el seno de una familia humilde y criado en el ambiente campesino de Orihuela, de niño fue pastor de cabras y no tuvo acceso más que a estudios muy elementales, por lo que su formación fue autodidacta.

Su interés por la literatura lo llevó a profundizar en la obra de algunos clásicos, como Garcilaso de la Vega oLuis de Góngora, que posteriormente tuvieron una marcada influencia en sus versos, especialmente en los de su etapa juvenil. También conoció la producción de autores como Rubén Darío o Antonio Machado. Participó en las tertulias literarias locales organizadas por su amigo Ramón Sijé, encuentros en los que se relacionó con la que luego fue su esposa e inspiradora de muchos de sus poemas, Josefina Manresa.

Con veinticuatro años viajó a Madrid y conoció a Vicente Aleixandre y a Pablo Neruda; con este último fundó la revista Caballo Verde para la Poesía. Las ideas marxistas del poeta chileno tuvieron una gran influencia sobre el joven Miguel, que se alejó del catolicismo e inició la evolución ideológica que lo condujo a tomar posiciones de compromiso beligerante durante la Guerra Civil.

Tras el triunfo del Frente Popular colaboró con otros intelectuales en las Misiones Pedagógicas, movimiento de carácter social y cultural. En 1936 se alistó como voluntario en el ejército republicano. Durante la contienda contrajo matrimonio con Josefina Manresa, publicó diversos poemas en las revistas El Mono AzulHora de España y Nueva Cultura, y dio numerosos recitales en el frente. El fallecimiento de su primer hijo (1938) y el nacimiento del segundo (1939) se añadieron como motivo inspirador de su obra poética.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Canciones De La Vida Profunda - Porfirio Barba Jacob

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡laguna de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
                                            

martes, 23 de noviembre de 2010

Queen Mary's Doll's House - Rubén Darío

Me enviaron por correo este dulce poema y mi sorpresa fue enorme cuando al final de él descubrí a su autor. Es un poema que gusta para ser cantado por las noche antes de dormir a los pequeños... al menos a mi me dio ese dulce sueño. Espero que les guste y lo disfruten. Corto y pego.


Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita, Margarita,
tan bonita, como tú.

  



Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella
iba sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo:
«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama:
«¿No te he dicho que
el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice:
«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice:
«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

* * *
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña,
un gentil pensamiento
al que un día te quiso
contar un cuento. 


                     Rubén Darío

domingo, 21 de noviembre de 2010

Letrillas Satíricas - X - Luis De Góngora

Ya que rompí las cadenas
de mis grillos y mis penas,
de extender con mucho error
la jurisdición de Amor,
que ahora me da por libre,
Dios me libre.
Y de andar más por escrito
publicando mi delito,
sabiendo de ajenas vidas
tantas culpas cometidas
de que puedo hacer alarde,
Dios me guarde.

De dama que se atribula
de comer huevos sin bula,
sabiendo que de su fama
un escrúpulo ni dragma
no podrá lavar el Tibre,
Dios me libre.
Y del mercado devoto,
de conciencia manirroto,
que, acrecentando sus rentas,
pasa a menudo sus cuentas,
y da las ajenas tardes,
Dios me guarde.

De doncella con maleta,
ordinario y estafeta,
que quiere contra derecho,
pasando por el estrecho,
llegar entera Colibre,
Dios me libre.
Y del galán perfumado,
para holocaustos guardado,
que hace cara a los afeites
para dar a sus deleites
espaldas, como cobarde,
Dios me guarde.

De dama que de un ratón
huye postrero rincón,
desmayada de mirallo,
y no temerá caballo
que Ruger su lanza vibre,
Dios me libre.
Y del galán que en la plaza
acuchilla y amenaza,
y si sale sin terceros,
hará como don Gaiferos,
aunque Melisendra aguarde,
Dios me guarde.

De doncella que entra en casa,
porque guisa y porque amasa,
y hace mejor un guisado
con la mujer del honrado
que con clavos y gengibre,
Dios me libre.
Y de amigo cortesano
con las insignias de Jano,
desvelando en la cautela,
cuyo soplo a veces hiela,
y a veces abrasa y arde,
Dios me guarde.

viernes, 19 de noviembre de 2010

La Musa Enferma - Charles Baudelaire

Mi Pobre musa, !ay! ¿qué tienes este día?
Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas
Y alternándose veo reflejarse en tu tez
La locura y el pánico, fríos y taciturnos.

¿El súcubo verdoso y el rosado diablillo
El miedo te han vertido, y el amor, de sus urnas?
¿Con su puño te hundieron las foscas pesadillas
En el fondo de algún fabuloso Minturno?

Quisiera que, exhalando un saludable olor,
Tu seno de ideas fuertes se viese frecuentado
Y tu cristiana sangre fluyese en olas rítmicas,

Como los sones múltiples de las sílabas viejas
Donde, reinan Por turno Febo, padre del canto,
Y el gran Pan, cuyo imperio se extiende por las mieses.

Versión de Antonio Martínez Sarrión 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Reflexiones Desde La Tumba - Masón


En la soledad de la yerta sepultura
cual cimiente en el surco descompuesta,
mi alma inquieta añoraba en su clausura
alcanzar una existencia más honesta. 
 
No ser huesos ni carne solamente,
sino ejemplo, antorcha, paradigma;
ser un astro de rayos refulgentes,
agua clara, criatura noble y digna. 
 
Cavar fosos profundos a la envidia,
sepultar el vicio, el dogma y la mentira,
controlar la voluntad, vencer la ira
y combatir sin tregua la desidia. 
 
Tener una existencia laboriosa,
construir un altar a las virtudes,
ser la nota musical de los laudes
que interpretan el himno de la vida. 
 
Brindar a los demás nuestra ternura,
ser solidarios, justos, tolerantes,
caballeros de yelmo y armadura
prestos a iluminar al ignorante. 
 
Enemigos directos del oprobio,
adversarios jurados de la esclavitud,
intrépidos contrincantes de los odios
de la traición, la deslealtad y la ingratitud.  
Al interior de esa bóveda oscura y tenebrosa
donde nada valen las monedas ni la gloria,
comprendí que venimos para hacer historia
y que somos tan efímeros como pétalos de rosa. 
 
Todo aquello que rodeaba mis despojos
me enseñó muy crudamente estas verdades,
que lo han sido en todas las edades,
por designios del Delta vigilante.

 CUALQUIER MASON,
                                                     EN  CUALQUIER  TIEMPO
                                                              N:. N:.N;,

viernes, 12 de noviembre de 2010

Poesía - Xavier Villarrutia

Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.

Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en papel su litoral.

Tu voz, hoz de eco
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.

Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

En Muerte De Madonna Laura - No. 333 - Petrarca

Id, rimas dolientes, hasta la dura piedra
que mi amado tesoro en tierra guarda:
llamad allí a aquella que desde el cielo contesta,
aunque su parte mortal se halle en sitio oscuro y bajo.

Decid que de vivir estoy cansado,
de navegar por estas horribles ondas,
que recogiendo sus esparcidas frondas,
tras ella voy, aunque tan paso a paso;

de ella sólo cantando, muerta o viva,
es más, siempre viva y ahora inmortal,
para que el mundo la conozca y ame.

Que esté ella de mi tránsito avisada,
cercano ya; venga a mi encuentro, y tal
como ella está en el cielo, a sí me atraiga y llame.