miércoles, 10 de diciembre de 2008

SONATINA de Rubén Darío


La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro;
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidado se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales,
parlanchina la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufó.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acoso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al Sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
nie el halcón encantado, ni el bufó escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los Jazmines de Oriente, los Nelumbos del Norte,
de Occidente las Dalias y las Rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardias,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragó colosal.

¡Oh, quién fuera Hipsipila que dejo la crisálida!
(la princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(la princesa está triste. La princesa está pálida)
Más brillante que el alba, más hermoso que abril!

Calla, calla, princesa-dice el hada madrina-.
En caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor.

2 comentarios:

Anoiss dijo...

Esta poesía la he leído cientos de veces. Rubén Darío es un genio de la fantasía *-*
Pero juraría que era más larga XD

Joyce, ya sabes. ^^ Estás agregada a Afiliados de AT.

Joyce dijo...

Gracias Iria. Yo también te voy agregar-en cuanto aprenda a hacerlo :-S
Y voy a buscar si es más larga. Este poema es mi preferido, por eso lo puse como primero.