domingo, 14 de junio de 2009

El Idilio de Quétzal y Huistzel - Francisco de Terrazas

De blandos ejercicios fatigados,
que el día todo se pasaba en esto,
al dulce sueño entreambos entregados
y en brazos cada cuál del otro puesto,
fuimos súbitamente salteados
con un ruido temeroso y presto,
al tiempo que a la lumbre venidera
dejaban las estrellas la carrera.

Y no esperando a ver qué cosa fuese,
prestísimos salté del lecho a oscuras;
a Quétzal recordé que me siguiese
metida por cerradas espesuras,
hasta que claramente se entendiese
la causa del rumor; y a penas duras
despierta estuvo, cuando yo sin tino
mostrándole iba incierto mi camino.

Siguiendo un resplandor de luz escaso
por una estrecha senda mal abierta,
mi bien iba esperando paso a paso
sin ver que del temor va medio muerta;
falta la fuerza del desmayado paso,
ya ni a mi rastro ni a la senda acierta;
de vista finalmente nos perdimos,
de suerte que hallarnos no pudimos.

Puesto encima de un árbol, divisaba
el fuego de las casas encendidas;
los llantos y las quejas escuchaba
de míseras mujeres doloridas:
una espantosa grita resonaba
de voces muy feroces no entendidas,
que sólo yo juzgaba que serían
tus largas manos que tras mí vendría...*

... Acaso me halló un vecino mío
que el pueblo andaba a voces convocando,
diciendo que acudiésemos al río
por do una nueva gente iba bajando,
de quien robadas con violento brío
muchas personas nuestras van llorando:
y entre otras que llevar vio maniatadas,
mi Quétzal y su hija era nombradas.

No como yo con tal presteza párte
ciervo que sin sentido el curso aprieta
cuando en segura y sosegada parte
herido siente la mortal saeta:
ni cuando por el cielo de tal arte
correr se ha visto la veloz cometa,
que al ver de mi desdicha el caso cierto
con miedo y con amor volaba muerto.

Y a una legua o poco más andaba
hallé los robadores y robados:
vide una gente blanca, muy barbada,
soberbios y de limpio hierro armados;
vi la cautiva presa, en medio atada,
de sus alhajas míseras cargados,
al uso y voluntad de aquellos malos
que aguijando los van a duros palos...

... Cual tórtola tal vez dejó medrosa
el chico pollo que cebando estaba
por ver subir al árbol la escamosa
culebra que a su nido se acercaba,
y vuelta vio la fiera ponzoñosa
comerle el hijo encarnizada y brava:
bate las alas, chilla, y vuela en vano
cercando el árbol de una u otra mano;

así yo sin remedio, congojado
de ver mi bien en cautiverio puesto,
llegaba al escuadrón desatinado
clamando en vano y revolviendo presto;
de suerte que seguido y esperado
detuve un rato al robador molesto
que vuelto atento, con piedad, sin ira,
del nuevo caso con razón se admira.

Mas como ni salvarla peleando
pudiese, ni morir en su presencia,
tal vez al enemigo amenazando,
tal vez pidiendo humilde su clemencia,
sin otro efecto los seguí luchando
con el dolor rabioso y la paciencia,
hasta llegar al río do se entraban
en casa de madera que nadaban.

Pues la cuita de Quétzal, que meterse
en una veo y del todo ya dejarme,
arrastrando tentaba defenderse
y a gritos no dejaba de llamarme;
del mismo robador quería valerse
pidiéndole lugar para hablarme:
-"Siquiera aqueste bien se me conceda
(le dice), que hablar a Huítzel pueda.

Volviendo a mí, y en llanto derretida,
-"Huítzel (me dijo), pues mi dura suerte
y sin que pueda ser de ti valida
me lleva do jamás espero verte,
recibe en la penada despedida
el resto de las prendas de quererte,
y aquesta fe postrera que te envío
con cuanta fuerza tiene el amor mío.

"Que quien por ti la patria y el sosiego,
el padre, el reno y el honor pospuso,
y puesta en manos amoroso y dulce fuego
seguirte peregrina se dispuso,
ni en muerte ni en prisión el nudo ciego
que Amor al corazón cuitado puso
podrá quitar jamás, sin ser quitada
el alma presa a la mortal morada.

"Si voy para vivir puesta en servicio,
tenerme ha tu memoria compañía,
y en un continuo y solitario oficio
llorando pasaré la noche y día;
mas si muriendo en tan triste sacrificio
Fortuna abrevia la desdichas mía,
adonde esté vendré, no tengo duda,
espíritu desnudo y sombra muda."

Díjele: -"No podrá, yo te prometo,
apartarnos el hado triste y duro:
héme entregado aquí, héme sujeto
al fin incierto de mi mal futuro!"
Diciendo aquesto, púselo en efecto
con paso largo y corazón seguro,
metiéndome en poder, luego a la hora,
de aquel nuevo señor de mi señora.

Hice los nuevos hombres admirados
y a todos los amigos afligidos,
no tanto de su daño lastimados
cuanto del mío propio condolidos;
finalmente quedamos embarcados
y entre los robadores repartidos,
junto con el despojo que tomaron
do más volumen que valor hallaron.

Cuando su pregunta y su malicia,
su gran soberbia, su mandar airado,
su mucha crueldad, poca justicia,
y aquel desprecio de haber robado;
sus rigurosos modos, su codicia,
y el deshonesto vicio libertado:
que todo se pagó en muy pocos días
con gran venganza por diversas vías.

Que dende a poco tiempo nos libramos
por un dichoso caso que tuvimos,
en que a la mar las guardas arrojamos
y con la casa de agua al través dimos
a la cercana costa, do saltamos
y por la tierra adentro nos metimos,
tomando yo de nuevo mi camino
con Quétzal solo, incierto y peregrino..."

1 comentario:

isbela de merens dijo...

gracias Joyce,eres garnde y tus poemas me hacen pensar que en esta vida aun caben lo sentimientos verdaderos.Un besote