martes, 30 de junio de 2009

A Una Ramera - Antonio Plaza

I
Mujer preciosa para el bien nacida,
mujer preciosa por mi mal hallada,
perla del solio del Señor caída
y en albañal inmundo sepultada;
cándida rosa en el Edén crecida
y por muchas manos infames deshojadas;
cisne de cuello alabastrino y blando
en indecente bacanal cantando.

II
Objeto vil de mi pasión sublime,
ramera infame a quien el alma adora
¿Por qué ese Dios ha colocado, dime,
el candor en tu faz engañadora?
¿Por qué el reflojo desu gloria imprime
en tu dulce mirar? ¿Por qué atesora
hechizos mil en tu redondo seno,
si hay en tu corazón lado y veneno?

III
Copa de bedición de llanto llena,
do el crimen su ponzoña ha derramado;
ángel que el cielo abandonó sin pena,
y en brazos del demonio se ha entregado;
mujer más pura que la luz serena,
más negra que la sombra del pecado,
oye y perdona si al cantarte lloro,
porque, ángel o demonio, yo te adoro.

IV
Por la senda del mundo yo vagaba
indiferente en medio de los seres;
de la virtud y el vicio me burlaba;
me reí del amor de las mujeres,
que amar a una mujer nunca pensaba;
y hastiado de pesares y placeres
siempre vivió con el amor en guerra
mi ya cansado corazón de tierra.

V
Pero te vi... te vi... ¡Maldita hora
en que te vi, mujer! Dejaste herida
mi alma que te adora, como adora
el alma que de un llanto está nutrida;
horrible sufrimiento me devora,
que hiciste la desgracia de mi vida
mas dolor tan intenso, tan profundo,
no lo cambio, mujer, por todo un mundo.

VI
¿Eres demonio que arrojó el infierno
para abrirse una herida mal cerrada?
¿Eres el ángel que mandó el Eterno
a velar mi existencia infortunada?
¿Este amor, tan ardiente, tan interno,
me enaltece, mujer, o me degrada?
No lo sé... no lo sé... yo pierdo el juicio.
¿Eres el vicio tú?... ¡Adoro el vicio!

VII
¡Amame tú también! Seré tu esclavo,
tu pobre perro que doquier te siga;
seré feliz si con mi sangre lavo
tu huella, aunque al seguirme me persoga
ridículo y deshonra; al cabo , al cabo,
nada me importa tu manchada historia
ai a través de tus ojos veo la gloria.

VIII
Yo mendigo, mujer, tú ramera,
descalzos por el mundo marcharemos;
que el mundo nos desprecie cuanto quiera,
en nuestro amor un mundo encontraremos;
y si horrible miseria nos espera,
ni de un rey por el trono la daremos,
que cubiertos de andrajos asquerosas,
dos corazones latirán dichosos.

IX
Un calvario maldito hallé en la vida
en el que mis creencias expiraron,
y al abrirme los hombros una herida,
de odio profundo el alma llenaron;
por eso el alma de rencor henchida
odia lo que ellos aman, lo que amaron,
y a ti sola, mujer, a ti yo te entrego
todo ese amor que a los mortales niego.

X
Porque nací, mujer, para adorarte
y la vida sin ti me es fastidiosa,
que mi único placer es complacerte.
Aunque tú halles mi pasióm odiosa,
yo, nunca, nunca, dejaré de amarte.
Ojalá que tuviera alguna cosa
más que la vida y el honor más cara
y por ti sin violencia la inmolara.

XI
Sólo tengo una madre, ¡me ama tanto!
sus pechos mi niñez amamantaron,
y mi sed apagó su tierno llanto
y sus vigilias hombre me formaron;
a ese ángel para mí tan santo,
última fe de creencias que pasaron,
a ese ángel de bondad, ¡quién lo creyera!
¡olvido por tu amor... loca ramera!

XII
que tu amor no me dará placeres
sé que burlas mis grandes savrificios;
eres tú la más vil de las mujeres;
conozco tu malda, tus artificios;
pero te amo, mujer, te amo como eres;
amo tu perversión, amo tus vicios;
y aunque maldigo el fuego en que me inflamo,
mientras más vil te encuentro más te amo.

XIII
Quiero besar tu planta a cada instante,
morir contigo de placer beodo;
porque es tuya mi mente delirante,
hoy me siento por ti capaz de todo;
por ti seré mi corazón do imperas;
virtuoso, criminal, lo que tú quieras.

XIV
Yo me siento con fuerza muy sobrada,
y hasta un niño me vence sin empeño.
¿Soy águila que duerme encadenada
o vil gusano que titán me sueño?
Yo no sé si soy mucho o no soy nada;
si soy átomo grande o dios pequeño;
pero gusano o dios, débil o fuerte,
sólo sé que soy tuyo hasta la muerte.

XV
No me importa lo que eres, lo que has sido,
porque en vez de razón para juzgarte,
yo sólo tengo de ternura henchido
gigante corazón para adorarte.
Seré tu redención, seré tu olvido,
y de ese fango vil vendré a sacarte,
que si los vicios en tu ser se imprimen
mi pasión es más grande que tu crimen.

XVI
Es tu amor nada más lo que ambiciono,
con tu imagen soñando me desvelo,
de tu voz con el eco me emociono;
y por darte la dicha que yo anhelo
si fuera rey te regalara un trono,
si fuera Dios, te regalara el cielo;
y si Dios de ese Dios tan grande fuera,
me arrojara a tus plantas, ¡vil ramera!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

TENGO MUCHÍSIMO TIEMPO BUSCANDO ESTE POEMA EN AUDIO O VIDEO... SERÁ QUE SABES DÓNDE PUEDO ENCONTRARLO?? GRACIAS :)

Joyce Mireles dijo...

Hola :)

No, lo siento. Pero si me dices las especificaciones del audio que necesitas, podría ver en qué te puedo ayuda. Para que lo necesitas? Escuela, regalo..., y para cuando?

Saludoos. Y gracias por visitar Declamador Universal.