viernes, 14 de mayo de 2010

Yeguas - Alim Keshókov

Las ruecas del crepúsculo hilaban
los hilos de un oscurecer en brillos,
por la senda al mercado llevaban
yeguas, arrancadas de sus potrillos.

Cuando en los verdes prados se encendió
de mil quilates el fresco rocío,
un mozo a los potrillos soltó
a corretear según su albedrío.

Mas ellos hacia la estación corrían,
donde chirriaban las avez sin tregua
y a la yeguada en el convoy metían,
por más que resistiese cada yegua...

Los relinchos anhelantes llamaban
y, aunque las puertas no estaban cerradas,
los vagones a tremer ya empezaban
de las tristes y continuas patadas.

La locomotora arrancó a desgana,
desapareciendo en la lejanía,
mientras la estación toda la mañana
a la leche de la yegua olía.

lunes, 10 de mayo de 2010

Madre - Lamberto Alarcón

Madre:
flor de dolor,
lirio angustiado
en la luz del amor crucificado
como el sagrado
cuerpo del Señor.

Madre:
són
de canción
céfiro blando...
tu nombre celestial me está cantando
en un claro rincón del corazón.

Madre:
sabor
de amor
dime qué tienen
tus blancas manos pálidas
que pueden suavizar mis asperezas
y en el dulce fervor de las plegarias
son bálsamos de todas mis tristezas...

Madre:
fulgor
de amor,
rayo divino:
tú le das a mi afán de peregrino
la luz que alumbra el lóbrego camino
por donde llevo a cuestas mi dolor...

Madre:
luz y alegría...
¡oh santa santa madre mía!
con tus labios piadosos
secas mi llanto de melancolía!...
No sé que tienen tus benditos labios
que borran desagravios cuando besan
y me enseñan más ciencia que los sabios
si una oración por el que sufre rezas...
El lirio puro de mi charca inmunda,
que ha hecho blanca mi noche tenebrosa,
¡madre, madre, tú has sido!
Y cuando yo por otros he sufrido,
lo has sufrido por mi madre piadosa.
Y cuando viste que mi incierto paso
vacilaba en la senda de mi vida,
se levantó la línea de tu brazo
señalándome el bien, ¡madre querida!...

Madre:
fulgor
y rayo,
amor
y luz...
bálsamo claro de mi triste infancia,
caricia en mi doliente juventud...

Madre: sé lluvia en mi desierto... escancía
en el afán voraz de mi inquietud,
la dulce esencia, la palabra de oro
que alumbrará mi noche con tu luz,
y anegará mi vida en la fragancia
de tu alma luminosamente azul!...

martes, 4 de mayo de 2010

Delta De Cinco Brazos - Introdicción - Octavio Paz

Delta de cinco brazos fue publicado por primera vez en 1994 por Círculo de Lectores, con ocasión del ochenta aniversario del escritor. Galaxia Guternberg recupero este valioso volumen en 1998.

A continuación se muestra la entrada que el propio autor escribió como introducción, donde describe las diferencia entre un poema corto, uno mediano y uno extenso.

Delta de Cinco Brazos.

Hace años, en un ensayo dedicado al poema extenso, Contar y Cantar, intenté distinguir a los poemas no por su forma o por su asunto -poemas épicos, líricos, elegíacos, eróticos o sagrados- sino por su extensión: poemas largos, cortos y de extensión mediana. El poema corto requiere máxima intensidad combinada con la máxima brevedad; compuesto de tres o cuatro líneas, está más cerca de la exclamación que del discurso. El poema corto no cuenta: canta; pero su canto se apoya en un cuento, brota de una situación o de una historia. Situación implícita, historia no dicha y, sin embargo, presente: amor, separación, duelo, júbilo, encuentro, despedida, queja. En el poema corto no hay desarrollo; el fin y el principio se confunden. En el poema de extensión mediana el comienzo se distingue claramente del medio y ambos del fin. Es imposible confundir una parte con otra pues cada una posee carácter propio; al mismo tiempo, ninguna es autónoma ni separable de las otras: las partes no tienen existencia por sí mismas, dependen del conjunto. En el poema extenso el canto vive en función del cuento; quiero decir, depende de la historia o de la narración. La relación entre las partes no desaparece pero se afloja; cada parte y cada capítulo tienen vida independiente. Cierto,. para gozar plenamente de la lectura del episodio de Nausicaa, en la Odisea, debemos tener presente la historia de Ulises desde su salida de la isla de Calipso y aun desde antes. Pero un cosa es tener presentes los episodios o sucesos anteriores y otra abarcar en una sola lectura a un poema extenso. Es imposible leer la Ilíada, la Divina comedia, o el Paraíso perdido de una sentada.

En la Edad Moderna el poema extenso experimentó un cambio radical. Los poetas simbolistas aplicaron a los poemas largos la estética de los poemas breves y medios: la extensión se redujo y la intensidad se redobló. La consecuencia fue la ruptura de la continuidad o, más exactamente, su dispersión. Desde entonces, hace ya más de un siglo, el poema extenso se trasformó. La extensión: las Soledades tienen más de dos mil versos, The Waste Land apenas cuatrocientos treinta y seis; la continuidad: el poema se convierte en una sucesión de momentos intensos, unidos no tanto por la narración como por los silencios y los blancos. No obstante, la unidad no se ha roto: el poema extenso moderno es un todo. Y aquí conviene introducir otra distinción: con cierta frecuencia aparecen composiciones que son series de poemas unidos por un tema común; sus autores y nuestra distraída crítica llaman poemas extensos a esos conjuntos. No, un poema largo no es una suite; es una forma orgánica en la que la diversidad de los elementos se resuelve en la unidad de la obra. El poema largo no se define únicamente por su extensión sino por el orden y la relación que guardan entre ellas las distintas partes que lo componen. Es una verdadera composición: transcurre y, simultáneamente, recurre; nace de un motivo inicial, se bifurca, se enlaza a otros motivos y temas, cambia sin cesar y regresa a sí mismo. Su desarrollo es lineal y sucesivo, simultáneo y sincrónico. La línea que lo representa puede ser recta o sinuosa, en espiral o en zigzag. Pero la comparación con las líneas es insuficiente: el poema extenso es cuerpo y volumen. En uno de sus extremos colinda con la música y, en el otro, con la arquitectura.

Desde mi juventud he intentado, con varia fortuna, escribir poemas extensos modernos, es decir, composiciones que alíen la intensidad con la extensión. El primero es de 1940: Entre la piedra y la flor; el último de 1987: Carta de creencia. En 1980, la editorial Suhrkamp publicó Suche nach einer Mitte, cuatro poemas largos, muy bien traducidos por el poeta Fritz Vogelgsang y acompañados por un luminoso ensayo de Pere Gimferrer. Los cuatro poemas escogidos fueron Piedra de sol, Blanco, Nocturno de San Ildefonso y Pasado en claro. Este año mi amigo Hans Meinke, director del Círculo de Lectores, para celebrar mis ochenta años de vida y mis sesenta y pico de escribir poesía, me propuso publicar esos cuatro poemas en una nueva edición. Acepté encantado pero decidí aumentar a cinco el número de poemas. El cinco me ha atraído siempre: es la suma del tres, la cifra emblemática de nuestra civilización, y del dos, que simboliza la pareja primordial. Para los antiguos mexicanos el universo era un cuadrado formado por los cuatro puntos cardinales y con un punto, eje o sol, en el centro. El cinco une la visión cosmológica de los indios americanos con la de los indoeuropeos. Guiado por este simbolismo, escogí un poema más: Cartas de creencia. Es el más reciente y puede ser visto como el centro o quinto sol del conjunto.

La palabra que designa a la figura geométrica que forman los cuatro lados de un cuadrado y el centro es quinconce. No es muy hermosa. Además, a pesar de su origen latino (quincunx) y de ser usual en francés y en inglés, nuestros diccionarios la reprueban como un galicismo. Deseché quinconce. En una noche de insomnio, en la que vi a la poesía como un río de muchos afluentes, se me ocurrió un título: Río de cinco brazos. Más tarde, al componer este libro, mi amigo Nicanor Vélez, releyendo Blanco, encontró esta línea: <>. Al punto me escribió con una sugerencia: el título debería ser Delta de cinco brazos. Sentí un choque eléctrico del hallazgo. Pero dudé: delta no designa el río que, al desembocar, se divide en varios brazos sino al territorio, generalmente hecho de aluviones, que se forman entre los brazos; como su nombre lo indica, el dental es casi siempre de forma triangular. Recordé que se llama <> a la corriente que se separa de la principal y corre sola durante cierto espacio. ¿Qué hacer? Cerré los ojos y leí sobre la cubierta de un libro, diseñado con maestría por Norberto Denkel, unas líneas fluviales que dibujaban esta frase: Delta de cinco brazos.

En los poemas largos el tiempo fluye y se hace visible mientras que en los cortos se anula. El poema corto tiende a ser intemporal; es un instante y, como todos los instantes, no tiene hora fija: pasa en cualquier tiempo. Y más: es de todos los tiempos. Por su misma brevedad, se confunde con la poesía anónima: apenas si tiene autor o, más bien, su autor es un yo sin nombre y desprovisto de señas personales: es una presencia pura ante un presente irrevocable. El poema corto a veces es un complemento del poema largo y otras es un repoche; en ambos casos, es un descanso, un respiro. A la maneta de epígrafes y epílogos, escogí diez poemas cortos, dos para cada uno de los cinco largos, uno para el principio y otro al fin. Introitos, inscripciones grabadas en un pórtico, señales de entrada y salida; asimismo, correctivos y antídotos ante la prolijidad de los poemas extensos. y sobre todo: diminutos fuegos vagabundos. Lo que queda, si algo queda, de nuestros trabajos.

OCTAVIO PAZ
México, a 22 de febrero de 1994

domingo, 4 de abril de 2010

Al Cristo - Amado Nervo

Señor, entre la sombra voy sin tino;
la fe de mis mayores ya no vierte
su apasible fulgor en el camino:
¡mi espíritu está triste hasta la muerte!

Busco en vano una estrella que me alumbre;
busco en vano un amor que me redima;
mi divino ideal está en la cumbre,
y yo, ¡pobre de mi!, yazgo en la cima...

La lira que me diste, entre las mofas
de los mundanos, vibra sin concierto;
¡se pierden en la noche mis estrofas,
como el grito de Agar en el desierto!

Y paria de la dicha y solitarios,
siento hastío de todo cuanto existe...
Yo, Maestro, cual tú, subo al Calvario,
y no tuve Tabor, cual lo tuviste...

Ten piedad de mi, dura es mi pena,
numerosas las lides en que lucho;
fija en mi tu mirada que serena,
y dame, como un tiempo a Magdalena,
la calma: ¡yo también he amado mucho!

jueves, 1 de abril de 2010

No Me Mueve, Mi Dios - Fray Miguel de Guevara, O. S. A.



No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te temiera.

No tienes que me dar porque te quiera;
porque aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

domingo, 28 de marzo de 2010

Inka Ka Ichi - Kalu Tachisavi

Este es un fragmento de Tu´un Yukun Itu (Poemas Urgentes), de Kalu Tachisavi en lengua mixteca, con su respectiva traducción en español.

Nxinaanda yaa so ntu kuneida jin tachi yu´u

je kachida a kuvidao indio chi ntu jinida a
kuvidayo se´ya Savi
je kachida a nina jinidayo chi ntu jinida a kuaadayo
jin yutun jin yuku.
Je kachidadayo mixteco chi ntu jinida a kuvidayo Ñuu Savi
iyoda kachi a kuvidayo yutun jin yuku chi ya´a ntavidayo, suvidayo va
nkajie´e
je sa skesiv+ tachi je ninida a
tavadayo tachi xitindayo je kiv++ so´odayo
je sa ntu nkuvi skantada yuu je ninida
a tekudayo
je nkachida códice a da iyo jika, da nka´ku iyo ne yata nute
chi suvidayo kachi maan Ñ++ Ii
je sol nkachida Nkaniidayo
je ndute, nducha, nute kachidayo a noo ji´idayo
ta´nu, ninu nchiyu´unu tu´un vii
ya´a, tiun, taji
in tii teku tee yaa
je vitan kachida triki triki jin michikii michikii



Otro Camino

Y destruyeron los cantos, pero no la voz
y nos llaman indios porque no saben que somos
hijos de la lluvia
y nos llaman indígenas porque no saben que dialogamos
con la naturaleza
repiten mixteco porque no saben que somos Ñuu Savi,
algunos dicen naturales porque nacimos aquí, somos el origen
y cuando silbó el viento se dieron cuenta
que hablamos desde la nariz
y cuando oyeron al viento
se dieron cuenta que la lengua entró por el oído.
y cuando no pudieron mover las piedras se dieron cuenta
que estamos vivos
y llamaron códice a lo que sobrevivió de la masacre y se encuentra en el British
Museum y en Viena
y nosotros le llamamos piel sagrada
a nuestro Nkanii le dicen sol
y nosotros decimos Ñani a los hermanos
y las hemanas se dicen Ku´va o Ku´vi
dijeron que Yuvi Teyu era señorío.

Y Savi, Davi, Dau, Sau, Dawi, Javi, Lavi es lluvia,
y Ndute, Nduta, Nducha, Nute es agua.
Ay, ¿dónde escondiste los versos, abuelo?
ten, estrella, dame
que amanezca con el sonido vivo
un animal que es vida y música,
pájaros carpinteros y cigarras digan por siempre: triki triki y michikii michikii.

martes, 9 de marzo de 2010

Miedo - Alfonsina Storni

El niño se ha alejado de la casa un momento
y se vuelve de pronto más ligero que el viento.
El niño en el camino se paró de repente
porque dormida estaba al sol una serpiente.
Con el juguete nuevo en las manos deshecho
el niño se recuesta tembloroso en mi pecho.
Y en la pequeña caja de cuerpo estremecido
repercute sin tregua un violento latido.
Así cuando en las manos aunque sean muy suaves
temblorosas de miedo se acurrucan las aves.
Sobre el pecho del niño mis dos manos coloco
y siento que la entraña se aquieta poco a poco.
Luego el niño levanta la cabeza, me mire
con sus ojos azules, y muy quedo suspira.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Reír Llorando - Mp3 - Juan de Dios Peza



Reír Llorando

Voz: Joyce M.

Rima LXXV - Gustavo Adolfo Bécquer

LXXV

¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las tinieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo.
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?

¿Allí, desnudo de la forma humana,
allí, los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?

¿Y ríe y llora, y aborrece y ama,
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?

¡Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros;
Pero sé que conozco a muchas gentes
A quien no conozco!

domingo, 21 de febrero de 2010

El Seminarista de los Ojos Negros - Ramos Carrión, Miguel

I
Desde la ventana de un casucho viejo
abierto en verano, cerrado en invierno
por vidrios verdoso y plomos espesos
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas la tarde pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello.

II

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibujaba su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
El solo, a hurtadillas, y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubios cabellos
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.

III

Monótono y tarde va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde una ventana del casucho viejo,
siempre sola y triste, rezando y cosiendo,
una salmantina de rubios cabellos
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos; ve sólo a uno de ellos,
el seminarista de los ojos negros.

IV

Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotanas, marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla -¡Te quiero! ¡Te quiero!
¡Yo no he de ser cura! ¡Yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende, y olvida los rezos,
y ya vive sólo en sus pensamientos,
el seminarista de los ojos negros.

V

En una lluviosa mañana de invierno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos:
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto,
pues cuatro llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja encima cubierto,
y sobre la beca el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos;
los seminaristas iban en silencio
siempre en las dos filas hacia el cementerio,
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo:
los conoce a todos a fuerza de verlos...
Sólo uno, uno solo faltaba entre ellos,
el seminarista de los ojos negros.

VI

Corriendo los años, pasó mucho tiempo.
Y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con los rezos
recuerda, recuerda, triste por las tardes...
el seminarista de los ojos negros.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La Tristeza Del Inca - Mp3 - José Santos Chocano

Este era un un inca triste de soñadora frente,
ojos siempre dormidos y sonrisa de hiel,
que recorrió su imperio buscando inútilmente
a una doncella hermosa y enamorada de él.
Por distraer sus penas, el inca dio en guerrero;
puso fin a su tropa en marcha y el broquel requirió;
fue dejando despojos sobre cada sendero,
y las nieves más altas con su sangre manchó.
Tal sus flechas cruzaron invioladas regiones,
en que apenas los ríos se atrevían a entrar;
y tal fue derramando sus heroicas legiones,
de la selva a los Andes, de los Andes al mar.
Fue gastando las flechas que tenía en su aljaba,
una vez y otra, de región en región,
porque cuando salía victorioso lograba
levantar la cabeza, pero no el corazón.
Y cansado de sólo levantar la cabeza,
celebró bailes magnos y banquetes sin fin;
pero no logró nada disipar su tristeza;
ni la sangre del choque, ni el licor del festín.
Nadie entraba en el fondo de su espíritu oculto
ni la sciris de Quito consagradas al culto,
ni del Cuzco tampoco las vestales del Sol.

Fue llamado el más viejo sacerdote:"Adivina
este mal que me aqueja y el remedio del mal"
dijo al gran sacerdote, con voz trémula y fina,
aquel joven monarca displicente y sensual.

"¡Ay! Señor... -dijo el viejo sacerdote- ... tus penas
remediarse no pueden. Tu pasión es mortal.
La mujer que has ideado tiene añil en las venas,
un trigal en los bucles y en la boca un coral.
¡Ay! Señor cierto día vendrán hombres blancos
ha de oírse en los bosques el marcial caracol;
cataratas de sangre colmarán los barrancos;
y entrarán otros dioses en el Templo del Sol.
La mujer que has ideado pertenece a tal raza.
Vanamente las buscas en tu innúmera grey;
y servirte no pueden oración ni amenaza,
porque tiene otra sangre, otro dios y otro rey".

Cuando el rito sagrado le mandó optar esposa,
hizo astillas el cetro con vibrante dolor;
y aquel joven monarca se enterró en una fosa,
y pensando en la rubia fue muriendo de amor.

Castellana, tú ignoras todo el mal que me has hecho.
Castellana: recuerda que nací en el Perú.

La tristeza del inca va llenando mi pecho;
y quién sabe... quién sabe si la rubia eres tú!

La Tristeza del Inca