lunes, 10 de mayo de 2010

Madre - Lamberto Alarcón

Madre:
flor de dolor,
lirio angustiado
en la luz del amor crucificado
como el sagrado
cuerpo del Señor.

Madre:
són
de canción
céfiro blando...
tu nombre celestial me está cantando
en un claro rincón del corazón.

Madre:
sabor
de amor
dime qué tienen
tus blancas manos pálidas
que pueden suavizar mis asperezas
y en el dulce fervor de las plegarias
son bálsamos de todas mis tristezas...

Madre:
fulgor
de amor,
rayo divino:
tú le das a mi afán de peregrino
la luz que alumbra el lóbrego camino
por donde llevo a cuestas mi dolor...

Madre:
luz y alegría...
¡oh santa santa madre mía!
con tus labios piadosos
secas mi llanto de melancolía!...
No sé que tienen tus benditos labios
que borran desagravios cuando besan
y me enseñan más ciencia que los sabios
si una oración por el que sufre rezas...
El lirio puro de mi charca inmunda,
que ha hecho blanca mi noche tenebrosa,
¡madre, madre, tú has sido!
Y cuando yo por otros he sufrido,
lo has sufrido por mi madre piadosa.
Y cuando viste que mi incierto paso
vacilaba en la senda de mi vida,
se levantó la línea de tu brazo
señalándome el bien, ¡madre querida!...

Madre:
fulgor
y rayo,
amor
y luz...
bálsamo claro de mi triste infancia,
caricia en mi doliente juventud...

Madre: sé lluvia en mi desierto... escancía
en el afán voraz de mi inquietud,
la dulce esencia, la palabra de oro
que alumbrará mi noche con tu luz,
y anegará mi vida en la fragancia
de tu alma luminosamente azul!...

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